| 41 | Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho,
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| 42 | pero éste no ha hecho nada malo.» Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino.»
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| 43 | Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.»
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| 44 | Hacia el mediodía se ocultó el sol y todo el país quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde.
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| 45 | En ese momento la cortina del Templo se rasgó por la mitad,
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| 46 | y Jesús gritó muy fuerte: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y dichas estas palabras, expiró.
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| 47 | El capitán, al ver lo que había sucedido, reconoció la mano de Dios y dijo: «Realmente este hombre era un justo.»
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| 48 | Y toda la gente que se había reunido para ver este espectáculo, al ver lo ocurrido, comenzó a irse golpeándose el pecho.
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| 49 | Estaban a distancia los conocidos de Jesús, especialmente las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea, y todo esto lo presenciaron ellas.
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| 50 | Intervino entonces un hombre bueno y justo llamado José, que era miembro del Consejo Supremo,
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| 51 | pero que no había estado de acuerdo con los planes ni actos de los otros. Era de Arimatea, una ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.
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| 52 | Se presentó, pues, ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
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| 53 | Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro nuevo cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún.
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| 54 | Era el día de la Preparación de la Pascua y ya estaba para comenzar el día sábado.
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| 55 | Las mujeres que habían venido desde Galilea con Jesús no se habían alejado; vieron de cerca el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo.
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| 56 | Después que volvieron a sus casas, prepararon perfumes y mirra, y el sábado descansaron, según manda la Ley.
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