| 01 | Ahora les toca a los ricos: lloren y laméntense porque les han venido encima desgracias.
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| 02 | Los gusanos se han metido en sus reservas y la polilla se come sus vestidos,
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| 03 | su oro y su plata se han oxidado. El óxido se levanta como acusador contra ustedes y como un fuego les devora las carnes. ¿Cómo han atesorado, si ya estamos en los últimos días?
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| 04 | El salario de los trabajadores que cosecharon sus campos se ha puesto a gritar, pues ustedes no les pagaron; las quejas de los segadores ya habían llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.
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| 05 | Han conocido sólo lujo y placeres en este mundo, y lo pasaron muy bien, mientras otros eran asesinados.
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| 06 | Condenaron y mataron al inocente, pues ¿cómo podía defenderse?
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| 07 | Tengan paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Miren cómo el sembrador cosecha los preciosos productos de la tierra, que ha aguardado desde las primeras lluvias hasta las tardías.
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| 08 | Sean también ustedes pacientes y no se desanimen, porque la venida del Señor está cerca.
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| 09 | Hermanos: no se peleen unos con otros, y así no serán juzgados; miren que el juez está a la puerta.
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| 10 | Consideren, hermanos, lo que han sufrido los profetas que hablaron en nombre del Señor y tómenlos como modelo de paciencia.
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| 11 | Fíjense que llamamos felices a aquellos que fueron capaces de perseverar. Han oído hablar de la constancia de Job y saben lo que al final el Señor hizo por él, pues el Señor es compasivo y misericordioso.
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| 12 | Otro punto muy importante, hermanos: no juren, ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna otra forma. Que su sí sea sí, y su no, no; de otro modo serían reprensibles.
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| 13 | ¿Hay entre ustedes alguno desanimado? Que rece. ¿Está alguno alegre? Que cante himnos a Dios.
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| 14 | ¿Hay alguno enfermo? Que llame a los ancianos de la Iglesia, que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.
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| 15 | La oración hecha con fe salvará al que no puede levantarse y el Señor hará que se levante; y si ha cometido pecados, se le perdonarán.
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| 16 | Reconozcan sus pecados unos ante otros y recen unos por otros para que sean sanados. La súplica del justo tiene mucho poder con tal de que sea perseverante:
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| 17 | Elías era hombre y mortal como nosotros, pero cuando rogó insistentemente para que no lloviese en el país, no llovió durante tres años y medio;
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| 18 | después oró de nuevo y el cielo dio lluvia y la tierra produjo frutos.
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| 19 | Hermanos, si alguno de ustedes se extravía lejos de la verdad y otro lo hace volver,
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| 20 | sepan que el que aparta a un pecador de su mal camino salva un alma de la muerte y hace olvidar muchos pecados.
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